Hace poco alguien me pedía un álbum de fotos. «Pero en plan minimalista», me dijo. ¿Minimalista!? Uf, eso sí que es un reto para una mixmediera como yo. 😉 Le di varias vueltas y al final este fue el resultado: portadas de cartón compacto y mucho blanco. Y aunque no puede evitar darle un toque rosa a la portada, el neón de los bordes y el punto amarillo resulta que le queda maravillosamente bien.

Pinté los cartones de la portada de blanco con pintura chalk y le di una textura muy suave con triángulos. Y encima, un toque de pigmento magenta muy sutil, echando el agua con el spray desde lejos para que quedara el efecto como de puntos de color. Una vez seco, le hice una mancha, también con el pigmento, pero usando un trozo de plástico para conseguir un efecto acuarelado.

Aproveché el resto de pigmento para manchar un trozo de tela blanca de esa que se usa para bordar y pinté el border del cartón de color rosa neón con una acrílica.  Con dos recortes de la colección #MilkMedia, otro recorte de cartón amarillo, un trozo de cinta de madroños negra y grapas (¡por supuesto!) monté la portada. Pim, pam.

Para los interiores quería usar los reversos de las hojas de #MilkMedia, que son en blanco y negro con fondos geométricos. Así que recorté cuadrados y los cosí por tres lados, formando un sobre. Para darle un toque más llamativo, utilicé un punto diferente para coser cada página. ¡Queda muy chulo! Además, al ser formato sobre, hay espacio extra en el álbum para guardar recuerdos, tags o fotos extra.

El encuadernado lo hice sencillo: con anillas rosas. ¿Pueden molar más esas anillas? Y en el interior de cada sobre incluí algunas tarjetas decoradas con pigmentos para poder escribir en el reverso. Un poco de journaling para recordar los momentos de las fotos. Un álbum muy facilito y minimalista en el que las fotos cobrarán todo el protagonismo.